Cosas de Ingeniería: Recordando mis antiguos útiles de dibujo.

En estos tiempos de CAD, SIG,… donde abundan los recursos y programas a la que vez se nos insta a que nuestros ordenadores sean más potentes, parece como si siempre se hubiese dibujado así, delante de una pantalla y con la ayuda de un ratón o, más aún, de una versátil tableta digitalizadora de la amplia varia edad existente en el mercado.

El lápiz sigue siendo una herramienta fundamental aún ahora. Foto: Pexels.

Nada más lejos de la realidad. No hace mucho tiempo, casi nada en términos relativos pues la informática en estos tiempos ha progresado una auténtica barbaridad, la realidad era bien distinta.

Aún recuerdo mi último año en el instituto, aquel en el que me enfrenté por primera vez a una asignatura de Dibujo Técnico con una dificultad aceptable pues, con anterioridad, se podría decir que sólo habían sido pequeños escarceos. Por aquel entonces ya tenía claro que mi futuro se vislumbraba en torno a las carreras técnicas con la única duda de mi decisión final que vendría condicionada por diversas circunstancias. En cualquier caso, eso es otra historia.

En esa época, mi experiencia con los ordenadores se limitaba a una asignatura optativa en la que habíamos trabajado con los innovadores ZX Spectrum pero sólo o a nivel de programación, esto es, realmente se podría decir que no trabajábamos con ellos, es más, eran bastante populares en nuestra generación por el amplio abanico de juegos disponibles.

Luego se puede decir, y lo digo con innegable orgullo, que mi generación fue la última que estudió las asignaturas de Dibujo Técnico, en cualquiera de sus denominaciones, a la antigua usanza, esto es con lápiz y el resto de útiles de dibujo como la escuadra, cartabón, compás,….

Merecen, por tanto, este pequeño reconocimiento en forma de entrada en nuestro blog donde citaremos algunos de ellos.

Siempre presumiré del estupendo nivel con el que impartió su asignatura mi profesor de Dibujo Técnico de COU, como entonces se denominaba al último curso del instituto previo a la entrada en la Universidad y que correspondería al actual 2º de Bachillerato, y que me permitió enfrentarme con garantías a la Selectividad y posteriormente al primer curso de la carrera de Ingeniería de Caminos, Canales y Puertos. Además de explicarnos los conceptos de forma clara, nos instruyó en el manejo de los útiles y animó a ir un poco más allá.

Me refiero a que las prácticas había que entregarlas, como no, correctas y con una presentación impecable pero, además, se nos incentivó a que las terminásemos en tinta china. Hoy en día eso puede parecer fácil pero en esos tiempos los programas de CAD no eran ni de ciencia ficción y acababan de aparecer los primeros estilográficos con distintos grosores pero su precio era tan desorbitado que sólo estaban al alcance de los profesionales que trabajaban en los estudios de ingeniería o arquitectura.

Luego tocaba hacerse fuertes y aprender a lidiar con el tiralíneas y su herramienta auxiliar para acoplar al compás o bigotera en el caso de tener que trazar curvas al estilo de los que se muestran en la imagen adjunta extraída de internet.

Si el grosor era mínimo no se pasaban excesivas fatigas. El problema surgía cuando había que dibujar las soluciones, sí al final de todo, en un grosor mayor y con el riesgo siempre latente de que se “corriese” la tinta. Aunque, por supuesto, la escuadra y cartabón que se utilizaban para estos menesteres tenían el correspondiente escalón he de confesar que hubo algún que otro accidente importante que me hizo perder horas de trabajo y soltar alguna que otra lágrima de rabia e impotencia al tener que repetir un trabajo prácticamente finalizado.

Estas penurias siguieron en primero de carrera hasta que los estilográficos se pusieron más asequibles al bolsillo del común de los mortales como los que se muestran en la foto de cabecera y que eran similares a los que pude adquirir y que, por desgracia no conservo así que la foto es de internet. Aunque aún eran bastante caros vislumbramos la luz pues, ciertamente, la diferencia era notable y el riesgo se reducía considerablemente.

Como los dibujos y presentaciones aumentaban de nivel y dificultad y con la idea de que la rotulación fuera perfecta hubo que hacerse de plantillas de letras y números, de diferentes tamaños en función del grosor del estilográfico que se usaba. He de confesar que las guardo con mucho cariño hasta el punto que me he permitido fotografiarlas y adjuntarlas al texto a modo de homenaje.

Mis antiguas plantillas de delineación. Foto: @jcgomvar

En mi trabajo profesional es común tener que analizar y estudiar documentación que tiene bastantes años y emociona ver la calidad de algunos trabajos y, en particular, del trabajo de delineación, todo realizado a mano y con tinta china, unas veces con estilográficos y los más antiguos con tiralíneas y rotulados perfectamente, con plantillas o incluso a pulso con una caligrafía envidiable.

Cierto que los programas informáticos han facilitado muchísimo el trabajo y las correcciones son muy cómodas contribuyendo también a la sostenibilidad por el ahorro considerable de papel pero es entendible que aquellas formas de trabajar, que incluso hemos podido experimentar, merecían un recuerdo.

Vaya desde aquí nuestro pequeño y nostálgico homenaje animando al lector a que nos cuente su propia experiencia que ayude a completarlo.

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